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El
YOGA comprende ocho etapas que proporcionan las pautas que nos
permitan obtener el máximo beneficio, vivir con más plenitud y
acercarnos a lo que generalmente consideramos la existencia ideal:
Yama: son
restricciones de orden moral que generan confianza en uno mismo:
consideración por los demás, comunicación abierta, moderación y
rechazo a la avaricia, además de no mentir, no robar y, en general,
no causar daño.
Niyama: normas que conducen a la autodisciplina y la
purificación: pureza, satisfacción, eliminación de impurezas, auto
estudio y reverencia a una inteligencia superior (o sea: energía
divina).
Asana: posturas relajadas, cómodas y alertas, que preparan al
cuerpo y la mente para la meditación.
Pranayama: control de la respiración, lo que favorece la
tranquilidad interior.
Pratyahara: limitación de los sentidos (relajación profunda
mediante la contemplación interior)
Dharana: concentración (habilidad de conducir la mente hacia
un objeto, símbolo o palabra, con el fin de eliminar la dispersión
de la mente).
Dhyana: meditación "un ininterrumpido flujo de
pensamiento hacia el objeto de la concentración".
Samadhi: iluminación. Al alcanzar un estado de inmovilidad y
silencio, sobreviene la concentración absoluta. Los procesos
mentales se detienen, y lo único que se percibe es la conciencia
pura, sin limitaciones de tiempo ni espacio.
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